lunes, 25 de abril de 2011

Cachito Campeòn de Corrientes

Desde Corrientes a Buenos Aires
un señor lo vino a buscar
cuando estacionó su auto
vino el barrio a saludar:
chau Cachito, chau, vas a ser campeón,
desde aquí te alentaremos por la televisión.

En la noche del debut
Corrientes estaba prendido
y un solo grito se oyó
cuando el correntino entró:
Vamos Cachito, vamos, debes ser el campeón,
desde aquí te alentaremos por la televisión.

El correntino saltarín mostraba su inocencia
y entre las cuerdas se vio sangrar sus redondas cejas.
Qué pensará mi madre
ay, ay sí, qué pensará.
Qué pensará mi barrio
ay, ay sí qué pensará.

Qué me estará pasando
que no lo puedo parar
éste me está matando de verdad...
Cómo estará mi madre
ay, ay sí, cómo estará.
Cómo estará mi pueblo
ay, ay sí, cómo estará.

Llora, Corrientes, llora
la derrota de su campeón.
El jueves llega Cachito
en el micro de las dos,
y ese señor del auto
no aparece por Corrientes
porque dice que es suficiente
el dinero que ganó.
Y ese señor del auto
no aparece por Corrientes
porque dice que es suficiente
el dinero que ganó.


Leòn Gieco

jueves, 10 de marzo de 2011

No a la impunidad



Me dan asco las personas que amparadas en la falsa seguridad que otorga el lado oscuro de la vida, o que basadas en la vaga certeza que sus viles triquiñuelas les darán réditos económicos, o pingües y efímeros triunfos, se encargan de hacer la existencia difícil al resto de la humanidad que cumple a rajatabla con sus deberes, que respeta los derechos del otro, que transita por la vida con la cara descubierta.

Si, existen y a raudales, aquellos personajes que buscan hacer daño, por el simple hecho de sentirse poderosos, intocables, aquellos personajes que aprovechándose de debilidades de la letra de la ley pretenden incrementar sus haberes con ruines procedimientos, lejos de toda moralidad y mezclándose con la delincuencia.

Pero nosotros, quienes nos vemos afectados por las actuaciones de estos mínimos seres, tenemos el deber y la obligación de no cejar en desenmascararlos, de luchar una y otra vez. Tenemos el derecho a vivir en un mundo libre de encono, en un mundo en que todos nos podamos dar la mano, en que todos miremos con la frente en alto, sin miedo, sin prejuicios y por sobre todo libre de delincuencia.